jueves, 14 de julio de 2016

El Determinismo Social


Las ciencias sociales nacieron marcadas por ciertos determinismos que definían las diferentes escuelas y enfoques. Los principales eran el determinismo económico nacido del marxismo, y el biológico nacido del darwnismo social. Pero había un tercero más asolapado: el determinismo social, representado por la idea de Durkheim de que solo los hechos sociales explican los hechos sociales.
La historia de las ciencias sociales del siglo XX fue una lucha contra los dos primeros determinismos. El determinismo biológico fue derrotado después de la desacreditación del nazismo y de las doctrinas racistas que se habían fundado con base en él; y el determinismo económico fue derrotado con el fracaso en la instauración del comunismo por parte de la URSS. Pero ambos aún sobreviven: el primero bajo la forma de psicología evolutiva (obviamente no toda la psicología evolutiva) y algunas corrientes e hipótesis en etología; el segundo bajo formas de derecha con el fundamentalismo neoliberal de mercado en economía y diversas corrientes en politología y administración pública. Pero estos son rezagos marginales en lo que a influencia académica en el mundo de las ciencias sociales se refiere.
El determinismo que sigue muy fuerte, tan fuerte que es canónico, es el determinismo social, que ha sabido mutar y ya no tiene un corte durkheimiano. De hecho, las corrientes teóricas sobre las que se funda el nuevo determinismo social se basan en la idea de la “construcción social”.
Ahora bien, es necesario responder primero a la pregunta: ¿Qué es un determinismo? En términos generales se puede responder que un determinismo es una postura epistemológica basada en la idea que un factor o una clase de factores de un mismo tipo pueden explicar todos los hechos de determinado ámbito de la realidad. Así, el determinismo económico de tipo marxista (creado más por los lectores de Marx que por el mismo Marx) planteaba que eran las relaciones sociales de producción las que explicaban los demás conjuntos de relaciones sociales; mientras que un determinismo económico de tipo neoclásico (al estilo Gary Becker) plantea que es la toma de decisiones en base a racionalidad económica lo que puede explicar todo tipo de asuntos sociales, desde el enamoramiento, las adicciones, el crimen, etc. Por otro lado, el determinismo biológico de algunos psicólogos evolutivos lleva a explicar ciertos factores culturales en base a supuestas adaptaciones evolutivas alcanzadas hace milenios, incluso antes de que el homo sea un homo sapiens.
Ahora estamos listos para poder hablar del determinismo social. Este se basa en la idea de que las únicas disciplinas capaces de estudiar los hechos referentes a los humanos son las ciencias sociales. El primer tipo de este determinismo fue el determinismo durkheimiano, el cual fue propuesto por Durkheim para tratar de encontrar un campo propio para la sociología que él creía amenazada por la psicología social de su época. Este determinismo está muerto, así como también lo está la escuela durkheimiana.
Ahora bien, el determinismo social actual, a diferencia del determinismo durkheimiano, es restringido, y está restringido solo a la cultura, por lo que podría denominársele también determinismo cultural[1], y está concebido tanto contra la psicología científica actual (excepto el psicoanálisis, obviamente) como contra la biología y cualquier descubrimiento de la etología o las neurociencias[2].
Pero, ¿de dónde viene este determinismo cultural actual? Dejando de lado sus fuentes filosóficas podemos decir que este proviene en primer lugar de la fenomenología y la etnometodología, dos corrientes encaminadas a estudiar la conciencia humana sin recurrir al cerebro. De estas dos fuentes, y añadiéndole el psicoanálisis lacaniano (otra escuela que quiere analizar a los seres humanos sin escudriñar en sus cabezas), nace la expresión más canónica del determinismo social en la actualidad: la teoría de género. Otras expresiones de este determinismo son la sociología (y la antropología) de las emociones, y la sociología (y antropología) del cuerpo dos de las máximas expresiones de los estudios culturales contemporáneos.

¿Por qué considerar a estas subdisciplinas como deterministas sociales?
  • Primero porque todas ellas se ocupan de temas que inevitablemente están relacionados con los objetos de estudio de otras disciplinas, especialmente la psicología y la biología[3], pero en sus estudios no hacen ni la más mínima referencia a lo que se conoce sobre ello en estos campos de estudio; sus principales proponentes teóricos solo dicen que esos fenómenos son culturales (construcciones sociales) y no biológicos, pero no demuestran esta idea, solo la enuncian, pues al parecer esta idea tiene la función de servir como desacreditación de los demás campos sobre sus temas y como pretexto para no aprender esas ciencias y sus métodos.
  • Segundo, se reconocen por sus métodos, es decir la entrevista, las historias de vida, los focus group, la etnografía y demás técnicas que no permiten una articulación interdisciplinaria con las otras ciencias que tratan de estos temas, y esto es algo coherente con su idea de la “construcción social”, pues si el género, el cuerpo o las emociones son construcciones sociales, ¿para que revisar el cerebro o los genes?
  • Tercero, esto menos frecuente, se reconocen por la interdisciplinariedad que proponen, es decir interdisciplinariedad con disciplinas abiertamente seudocientíficas como el psicoanálisis (psicoanálisis, sí; psicología cognitiva, neurociencia o cualquier otra rama, no); o interdisciplinariedad con campos humanísticos que tienen fines distintos a la ciencia, tales como la propuesta de Bauman de hacer una interdisciplinariedad entre la sociología y la literatura (no la crítica literaria, sino la actividad literaria).

Pero, ¿es fructífero este determinismo? Respondo que al igual que todos los determinismos, no lo es y por el contrario es contraproducente pues cierra la posibilidad de acceder de manera más compleja a las piezas de la realidad que estudiamos, y a su vez atrasa a las ciencias sociales respecto de los avances teóricos y metodológicos de las demás ciencias[4], convirtiéndolas en islas que no se benefician de ello ni benefician al resto.







[1] Visto esto, el determinismo económico también es un determinismo social.
[2] Una versión aún más radical de este determinismo, que ya no va sólo contra la biología y la psicología, sino contra todas las ciencias duras, y que tampoco se restringe al ámbito de lo social, sino a todos los ámbitos de la realidad, es el que está presente en los Estudios Sociales de la Ciencia, bajo la forma de la hipótesis de la construcción de los hechos científicos, bajo la idea de que estos serían reales en base al trabajo que hacen los científicos y no por el mero hecho de ser entidades reales por sí mismas, tal como lo propusieron Latour y Woolgar en diversos trabajos.
[3] Es decir el género está ligado a la sexualidad y esta a su vez tiene, cuando menos, una base biológica; a su vez, las emociones son un tema clásico de estudio de la psicología.
[4] Es célebre a este respecto el caso del psicoanálisis lacaniano, la neurociencia y el autismo.

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